El intérprete siempre debe ser discreto en relación con su trabajo, así se lo exige el código de ética profesional al que debe sujetarse, y esa garantía debe tener el interpretado, no porque el intérprete sea necesariamente el depositario de grandes secretos, si no porque no le corresponde decidir qué de lo que atestigua se debe difundir, ni cuándo o cómo debe difundirse. Sus funciones se limitan a servir de puente de comunicación.

Italia Morayta, fundadora

Marina Gross, la intérprete que sirvió de puente de comunicación en la reciente reunión privada entre los mandatarios de Estados Unidos, Donald Trump, y Rusia, Vladimir Putin, se ha convertido –contrario a lo que suele y debe suceder– en el centro de atención de los medios de comunicación. Cada día más congresistas estadounidenses se suman al llamado de que comparezca ante el Congreso y viole el principio de secrecía por el que se deben regir todos los intérpretes.[1]

En una entrevista que NPR realizó a Barry S. Olsen, profesor del Instituto de Estudios Internacionales de Middlebury, se comparó la relación entre el intérprete y su(s) interpretado(s) con la que existe entre el abogado y su cliente, o entre el médico y su paciente. La Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias emitió un comunicado en el que se pone énfasis en el principio de confidencialidad que debe respetar el intérprete (establecido en el Artículo 2 del código de ética profesional de la Asociación) y se explica que, para que un estadista pueda hablar libremente, debe confiar en que los intérpretes no revelarán información confidencial alguna. El comunicado subraya la importancia de respetar el principio fundamental utilizado desde la II Guerra Mundial que dicta que nunca se debe obligar a los intérpretes a testificar.

Stephanie van Reigersberg, quien fue intérprete del Departamento de Estado de Estados Unidos durante 32 años y estuvo a cargo de la asignación de intérpretes para este tipo de reuniones durante casi dos décadas, afirma que esta situación es una pesadilla para cualquiera que se encuentre en ella por dos motivos distintos: en primer lugar porque se le solicita al intérprete que divulgue información clasificada y viole la confianza de su interpretado y, en segundo, porque el intérprete no puede recordar con exactitud todo lo que escuchó. Nuestra organización ha tenido responsabilidades equivalentes desde hace 70 años y comparto la postura de la señora van Reigersberg.

En el caso particular que nos ocupa, se utilizó interpretación consecutiva con toma de notas. Es decir que mientras uno de los dos interlocutores hablaba, su intérprete tomaba notas y, cuando el presidente terminaba su intervención, el intérprete, con base en ellas, repetía en el otro idioma lo que su mandatario había dicho. Hay quien ha sugerido que el intérprete entregue su cuaderno al Congreso. Dudo que todavía existan las hojas que pudieran resultar relevantes, pero estoy seguro de que serían inútiles: los intérpretes no registran taquigráficamente el discurso de sus interpretados; toman algunas notas que les ayudan a recordar en el corto plazo lo que se acaba de decir (una palabra, una cifra, una imagen). El propio intérprete que tomó las notas sería incapaz de reproducir el discurso unas horas más tarde, incluso recurriendo a ellas. Para un análisis más profundo de este proceso, véase el video de Ewandro Magalhaes al respecto.

Los intérpretes de CM Idiomas no sólo están obligados a respetar el secreto profesional por el código de ética que rige a la profesión en su conjunto; también tienen un contrato de confidencialidad firmado con nosotros. Además, cuando se utiliza equipo de interpretación simultánea en este tipo de reuniones, insistimos en que se utilice equipo de luz infrarroja cuya señal, a diferencia de la del equipo de radiofrecuencia, no atraviesa paredes.

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